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lunes, 1 de abril de 2013

Las ruinas

Las ruinas (Comedia en un acto) Luisa Josefina Hernández PERSONAJES:
Lolita
Pepe
Lola
Ramón
Es de noche, la escenografía quedará indicada de la manera que resulte más cómoda al director y al escenógrafo. Son unas ruinas indígenas cerca de un pueblo. Relativamente visibles hay varios letreros: ESTAS RUINAS SON PROPIEDAD DE LA NACIÓN, HORAS DE VISITA, DE ONCE DE LA MAÑANA A CINCO DE. LA TARDE, ENTRADA $ 2.50... Escuchamos el ruido de un automóvil que se detiene y unas portezuelas que se abren y se cierran. Entran Pepe y Lolita, son muy jóvenes y van bien vestidos, con ropa de viaje. Los vemos acercarse a las ruinas, con una linterna en la mano. LOLITA.—(Con un gesto de disgusto) Pepe, aquí no es el hotel. PEPE.—
(Dulce, quiere darle una sorpresa) Claro que no, reina. Fíjate bien en lo que es. Le da la linterna. LOLITA.—(Después de echar una ojeada) Son unas casas viejas, aquí no vamos a poder dormir. PEPE.—
(Riendo, muy comprensivo) No, mi amor. No son unas casas viejas. Pon atención. LOLITA.—
(Un poco impaciente, después de mirar de nuevo) ¿No? Pues yo en este hotel no quiero quedarme. Tú me dijiste que íbamos a uno muy bonito. (El ríe, ella ilumina uno de los letreros) ¡Dos cincuenta! Yo nunca he entrado en un hotel de ese precio. (Ve el otro letrero, él ríe a carcajadas) Además, parece que no es hora de entrar. ¿De qué te ríes? PEPE.—Lolita, son unas ruinas, las más recientemente descubiertas por nuestros arqueólogos. Son ya famosas. En el
Times de la semana pasada... LOLITA.—
(Alarmada) ¡Ruinas! ¿Y vamos a dormir aquí? PEPE.—No, Lolíta, pero las fotos que yo vi estaban tomadas de noche y eran lo más hermoso del mundo, lo más apropiado para pasear a la luz de la luna.
LOLITA.—
(Muy decepcionada) Pero... (Busca en el cielo) ¡No hay luna, Pepe! Si apagamos la linterna no se ve nada. PEPE.—
(Contrariado) Debería haberla. Yo consulté el calendario y estaba seguro... LOLITA.—Sería el del año pasado.
PEPE.—
(Terco) No, era el de este año. LOLITA.—Sería del mes pasado.
(Pepe niega con la cabeza, segurísimo. Ella decide cambiar de táctica y le sonríe muy coqueta) Pepe, es que estoy tan cansada. Con tantas emociones, el matrimonio civil, temprano, luego el religioso, la gente, los regalos, las felicitaciones. (Se acerca a él y le acaricia el pelo, quiere besarlo) Este no es un día como todos. PEPE.—
(Con la cara muy cerca de la de ella) El calendario era de este mes y de este año. LOLITA.—Pepe... volveremos mañana. Ahora estoy tan... tan cansada.
PEPE.—
(Sonríe y la abraza, parece que va a besarla cuando...) Mira, ya salió la luna, se ve que estaba tapada con una nube espesa. (La empuja) Mira Lolita, mira qué maravilla. (Ha salido una luna inmensa que ilumina con claridad de media tarde. Lolita está bastante enojada) Oye, la fotografía no la tomaron de este lado. Vamos para allá, ese es el lado más bonito. (La empuja) Mira, pero fíjate. ¡Apaga la linterna que ya no nos sirve para nada! (Los vemos salir, ella va viendo el suelo y tropezando, él camina de prisa, más adelante que ella y muy entusiasmado) Una pausa, entra el velador, Ramón. Viene armado con un rifle y con un atavío muy parecido al de los soldados. Un poco detrás de él viene Lola, su novia, una muchacha de pueblo bastante guapa.
LOLA.—No sé qué tanta prisa tenías de regresar aquí. Luego tengo que volver sola a mi casa y me da mucho miedo.
RAMON.—Usté, Lola, es muy necia. Ya sabe que me pagan por estar aquí.
LOLA.—Sí, sentado y sin hacer nada.
RAMON.—¿Qué no sabe que aquí viene la gente a robarse las piedras? Luego me echan la culpa a mí... hasta me pueden meter a la cárcel.
LOLA.—Mentiras. Lo que quieres es que me vean volver sola a las doce de la noche y empiecen a hablar de mí.
RAMON.—¿Para qué había yo de querer que hablen de usted?
LOLA.—Pues para que ya no me enamore nadie.
RAMON.—
(Con celos, muy evidentes) ¿Y quién quería usted que la enamorara? LOLA.—Nadie, pero así todos saben que tú y yo...
RAMON.—¿Le importa mucho que lo sepan?
LOLA.—No. Pero como todavía no le has dicho a nadie que te quieres casar conmigo...
RAMON.—¿A quién se lo voy a decir? ¿No le basta con que se lo diga a usted?
LOLA.—
(Tierna) Sí. (Se abrazan y van a besarse cuando se oye la voz de Pepe) PEPE.—¡Lolita! ¡Lolita! ¿Qué sucede? ¡Ven! Ramón se alarma, levanta el rifle que había dejado a un lado al mismo tiempo que, enfurecido, sacude a Lola por un brazo. RAMON.—¡Ahi está uno que la venía siguiendo! ¡Por eso no quería llegar hasta acá! (Lola está demudada, no sabe qué decir) Por eso me estaba diciendo que si se sabía que era usted mi novia ya no la iba a querer nadie. (Lola trata de hablar pero él no la deja) Ahora va a ver los líos en que se meten las mujeres pérfidas. A ese le voy a dar un balazo para que se le quiten las ganas de andar siguiéndome... LOLA.—Oye, Ramón, pero si a mí...
RAMON.—¡Cállese! ¿Cree que no oí cómo le gritó por su nombre? Usted quiere que yo sea sordo.
LOLA.—A mí nadie me dice Lolita.
RAMON.—A mí tampoco.
PEPE.—
(A lo lejos) ¡Lola! ¿Dónde estás? No seas tonta, mujer. RAMON.—¿Ya oyó cómo le dice Lola?
(Se adelanta, sin soltar el rifle) ¡Esta vez me las paga! (Oímos unos pasos apresurados y aparece Lolita. Ramón le pone el rifle enfrente y grita) ¡Alto! Lolita se detiene aterrorizada y empieza a sollozar. Ramón baja el rifle sorprendido y con cierta admiración por la muchacha. Lola mira con envidia, el vestido, el peinado. LOLA.—Será una ladrona.
LOLITA.—
(Entre lágrimas, pero escandalizada) ¿Yo? RAMON.—(A Lola) Déjeme que hable yo. LOLA.—
(Terca) Sí, ha de ser una ladrona. LOLITA.—Pero, ¿de qué?
RAMON.—
(Muy suave) Sabe, señorita, que yo soy el vigilante. Para que no se roben las piedras. LOLITA.—¿Las piedras?
LOLA.—No se haga la que no sabe.
(A una mirada de reproche de Ramón) Tú me dijiste que las gentes venían aquí a robarse las... RAMON.—Yo no le dije nada.
(Lola te da una mirada de indignación) LOLITA.—(Muy superior) Mire señora, yo tengo dinero suficiente para comprar todas las piedras que quiera. RAMON.—
(Con un poco de fastidio) Entonces, ¿las quiere comprar? LOLITA.—No, claro que no. Yo, ¿para qué las quiero?
LOLA.—
(Dándole un codazo) ¿Ya ves? RAMON.—
(Contempla a Lolita con placer) Dígame señorita, ¿qué hacía aquí tan tarde? Lolíta hace un puchero. LOLA.—Dígaselo porque si no la llevan a la cárcel.
LOLITA.—¿Por qué?
RAMON.—(Sumamente galante)
Sabe que... está prohibido entrar aquí de noche. LOLITA.—
(Con rabia) ¡Me lo imaginaba! LOLA.—
(Violenta) Entonces, ¿para qué entró? LOLITA.—
(Furiosa) ¿Y a usted qué le importa? El señor es el vigilante, no usted. RAMON.—Mire señorita, yo...
LOLITA.—Usted me lleva a la cárcel y yo le hablo por teléfono a mi papá y ya verá cómo le va. Le aseguro que le quitan el empleo.
RAMON.—
(Dudoso) ¿Quién es su papá? LOLITA.—Un... un señor.
Lola se suelta una carcajada prolongada y burlesca. Lolita se le echa encima y empieza a sacudiría. Las dos gritan. Ramón tira el rifle y quiere separarías. LOLA.—Ay, ay. Vieja loca...
LOLITA.—Pero ¿quién se ha creído que es usted? Pero quién...
Pepe aparece caminando despacio y mira con calma la escena. Lolita lo mira y cambia su expresión de ferocidad por una muy indefensa, suelta a Lola y corre hacía él sollozando dulcemente. LOLITA.—Mira mi amor cómo me puso los brazos esa mujer. Tiene unas manos como tenazas y yo... no le hice nada. Lola, mientras tanto, se examina los brazos, con ira contenida. Ramón observa un tanto asombrado la reacción de Lolita y acumula un poco de rencor contra Pepe. PEPE.—(Muy tranquilo)
Dime mi amor, ¿por qué te portas así? No es bonito atacar a las personas. Anda, cuéntame, ¿por qué te le echaste encima a la señorita...? LOLITA.—(
Lívida de rabia al verse descubierta) ¿Yo? ¿qué estás diciendo? RAMON.—
(Muy decidido) Mire señor, está prohibido entrar aquí de noche. Estas ruinas son del gobierno y... Hágame el favor de decirme qué estaban haciendo aquí. LOLITA.—
(Reivindicándose) Lo que quiere decir es que nos iban a meter a la cárcel, PEPE.—
(Mundano) Puedo explicarlo perfectamente. Se trata de un día muy especial... LOLITA.—
(Todavía en plan de reivindicación) Se lo explicaré yo. Nos casamos hoy en la mañana y estamos de luna de miel. Antes de ir al hotel... PEPE.—
(Fulminándola con la mirada) Veníamos en coche y yo había pensado, antes de ir al hotel, que a mi esposa le gustaría... LOLITA.—No es cierto, yo te dije muy claro que a mí lo que me interesaba...
LOLA.—Mételos a la cárcel, Ramón.
LOLITA.—
(Haciendo dengues, enojada con todo el mundo) Sabe usted que mi esposo había leído en una revista que descubrieron estas ruinas y antes de ir a dormir se le ocurrió pasar a verlas, porque parece que no podía esperar ni un día, yo le dije muy claro que prefería ir al hotel, pero él insistió y por eso... Pepe está en el colmo de la indignación y de la vergüenza, podría ahogar a su mujer, Lola y Ramón se miran con un poco de burla. RAMON.—¿Y qué más?
LOLITA.—
(Aturdida, no sabe qué ha dicho) Pues eso, que pensó que a mí me divertiría mucho ver las ruinas antes de... (Ante las obvias miradas de burla de los otros) ¿Verdad Pepe? PEPE.—
(Serio, muerto de coraje) No se trata de eso. Les aseguro que no es cierto nada de lo que ella ha dicho. RAMON.—Bueno, señor. Díganos qué estaban haciendo.
LOLITA.—
(Que se ha quedado pensando y empieza a alarmarse) Si eso no es cierto, ¿para qué me trajiste? Yo dije varias veces que prefería... PEPE.—
(Después de darle una mirada durísima) Vine por motivos estrictamente personales que sería inútil explicar. RAMON.—El caso es que está prohibido entrar y ustedes han cometido un delito.
PEPE.—¿Desde cuándo es delito ver?
LOLA.—Ver no pero dicen que se andan robando las piedras.
PEPE.—
(Muy mundano, de nuevo) Pueden ustedes registrarme, no me he llevado nada. RAMON.—
(Fastidiado) Oiga señor, ¿qué no sabe leer? (Señala los letreros) LOLITA.—(Con el rostro descompuesto) Pepe, ¿para qué me trajiste? PEPE.—Sí sé leer, pero con el entusiasmo del momento...
RAMON.—
(Levantando el rifle del suelo) Bueno, ya vámonos a la comisarla. LOLITA.—
(Coqueta, repentinamente) Señor vigilante. Usted no puede hacernos eso. (Recuerda lo que verdaderamente la preocupa) Pepe, ¿para qué... PEPE.—
(Sacando la cartera, de nuevo el hombre de mundo) ¿Cuánto quiere? (Ramón duda un momento pero Lolita se interpone) LOLITA.—No le des nada, no seas tonto. Si no se puede entrar en las ruinas, (señalando a Lola)
¿qué está haciendo ésta aquí? LOLA.—Me llamo Lola.
LOLITA.—Yo también me llamo... Pues sí, si usted vigilante nos lleva a la comisarla, nosotros lo acusamos de dejar entrar mujeres en las ruinas, para que luego se lleven las piedras y ustedes digan que es la gente que pasa.
LOLA.—
(Orgullosa) Es que yo soy su novia, ¿verdad, Ramón? LOLITA.—Peor les va a parecer que traiga aquí a sus novias para...
RAMON.—(Decidido) La señorita no es mi novia. Apenas si la conozco. Pasaba por aquí cuando...
LOLA.—¿Qué estás diciendo?
PEPE.—Bueno, bueno, nosotros tenemos que irnos.
LOLITA.—Ahora vas a salir con que tenemos mucha prisa.
LOLA.—
(A Ramón) ¿Y si no soy su novia, por qué se puso celoso cuando éste andaba gritando mi nombre? RAMON.—Qué celoso ni qué nada, si yo creía que esta señorita andaba sola.
(Con mucha prisa) Mire señor, son cincuenta pesos. PEPE.—
(Busca en su cartera y saca el billete) Eso es hablar. LOLITA.—(
Se interpone) Mi papá me ha dicho que eso es una inmoralidad. (Adelantándose) Por mí, podemos ir inmediatamente a la comisaría, ándele, llévenos. LOLA.—Lléveselos, que al fin a usted no le importa nada..
. (Furiosa) Ya me voy y luego no me ande buscando porque... PEPE.—
(Rápido, haciendo a un lado a su mujer) Tome los cincuenta pesos y basta. (Se los pone en la mano) RAMON.—(A Lola que se aleja) ¡Venga acá! No se haga la ofendida porque si no me la llevo a la comisaría a usted. LOLA.—
(Regresando) ¡Lléveme si puede! (Se le para enfrente con los puños sobre la cintura) RAMON.—(Ligeramente contrito) Oiga, Lolita... LOLA.—No me diga Lolita, Lolita es aquella.
LOLITA.—
(Rápido) A mí me dicen Dolores. PEPE.—
(Impaciente) Dije que bastaba. (Agarrándola de un brazo con cierta violencia) ¿No tenías tantas ganas de irte. Pues vámonos. (Ella se aparta) RAMON.—Yo creía que no quería que nadie supiera que era mi novia, por eso...
LOLA.—¡Convenenciero! ¡Sinvergüenza!
(Se va acercando a Lolita) PEPE.—(Fuera de sí) ¡Vámonos, vámonos a dormir! RAMON,—La convenenciera es usted.
LOLITA.—
(A los dos) Son unos groseros. Yo no me voy. PEPE.—¿Qué?
LOLA.—Por eso siempre me está hablando de usted, para que nadie lo sepa, porque ha de tener otra.
LOLITA.—Eso es, ¡Os dos han de tener otra.
PEPE.—¿Qué estás diciendo?
LOLITA.—Que de aquí no me muevo.
(A Lola, buscando protección) ¿Verdad que usted tampoco? RAMON.—
(A Lola) Usted dijo que ya se iba. LOLA.—¿Quiere que me vaya?
RAMON.—No, no quiero, si no le estoy diciendo eso, es que usted no entiende.
Pepe y Ramón se observan, es una mirada de profunda comprensión. RAMON.—¿Qué le parece si las dejamos aquí y nos vamos a tomar una cerveza? Yo lo invito.
PEPE.—(Dudando ante una mirada desesperada de su mujer)
Oiga ... no. (Ramón se encoge de hombros. Pepe, muy dulce, a Lolita:) Dime Lolita, ¿por qué no quieres irte? LOLITA.—
(Haciendo mohines, bajo)No me voy hasta que me digas para qué me trajiste aquí. PEPE.—
(Con un gesto de asco) ¿Que para qué...? LOLITA.—Sí, dímelo aquí, delante de todos.
PEPE.—
(Se sienta en una piedra, piensa y al fin se decide) ¿Sabes por qué? ¡Por animal, por estúpido, por ser un soberano idiota! (Ella lo mira más contenta) ¿Ya? LOLITA.—¿Lo dices en serio?
(El mueve la cabeza afirmativamente) Ya. (Se pone en pie y se le acerca) PEPE.—(Pasándole el brazo por la cintura) ¿Nos vamos? LOLITA.—Sí, mi amor.
(Se vuelven al mismo tiempo a los otros) PEPE.—Buenas noches.
LOLITA.—
(Riendo) Muy, muy buenas noches. Se alejan y los otros los miran sin contestar. RAMON.—Lola.
LOLA.—Ya váyase a tomar su cerveza.
RAMON.—¿Qué quiere que le diga para que se contente?
LOLA.—
(Después de pensar un momento) Quiero que me diga que usted también es un animal. RAMON.—Que yo...
LOLA.—Sí.
RAMON.—
(Convencido a medías) Pues... sí... yo también he de ser un animal. (Lolita se le echa en los brazos) Lolita... LOLA.—Dígame Dolores.
(Se besan) FIN * Tomado de Emilio Carballido, Teatro para adolescentes, México: Editores Mexicanos Unidos/ SEP, 1985, pp. 103-116.

Se vende una mula

"SE VENDE UNA MULA"

Obra de Teatro Cómica para 5 actores, 2 mujeres y 3 hombres

SE VENDE UNA MULA

Lugar: En la sala de la casa de don Pedro, rico hacendado padre de Luz María, novia de Antonio el cual va a pedir la mano de ella, éste se encuentra con Juana, criada de la casa de don Pedro donde se toma sus “descansitos” y se hace pretensa de Pascual el cual va a comprar la mula.

I
Escena

JUANA:
(Entra a escena, barre, baila y bebe de una botella de tequila)
DON PEDRO: (Entra a escena.) Mmmm... ¿Con qué esas tenemos, eh?
JUANA: (Sobre saltada.) Este... verá usted... nunca lo hago, pero...
DON PEDRO: Procura que esto no se vuelva a repetir. ¿Entendiste?
JUANA: Si, patrón. ¿No lo volveré hacer?
DON PEDRO: Ahora llama a la niña y dile que quiero hablar con ella.
JUANA: Si, patrón. (gritando) ¡Niña el papá suyo de usté, quiere hablar con usted! (Sale de escena.)
DON PEDRO: Para eso mejor yo le grito.

II
Escena

LUZ MARÍA: (Entra a escena.) Me dijo Juana que quieres hablar conmigo... ¿es cierto papá?   
DON PEDRO: Así es mija... ¿Te acuerdas de la mula de...?
LUZ MARÍA: Hay papá, ¡Ya vas a empezar con tus indirectas!
DON PEDRO: No mija. Lo que quiero decir, es que la mula que te regaló tu padrino, he decidido venderla.
LUZ MARÍA: ¿Pero por qué?
DON PEDRO: Porque ya está muy vieja y ya no sirve para nada. Además, ya puse un anuncio en el periódico y no habrá de faltar un tonto que quiera comprarla.
LUZ MARÍA: Está bien papá, que le vamos a hacer.
DON PERDO: Voy a salir ahorita, tengo que comprar una purga para la mula, se ha puesto un poco mala, y no quiero que se me muera antes de venderla. ¡Ah! Si viene algún comprador, le dices que no tardo, que si gusta esperarme o que vuelva más tarde. (Sale de escena.)
LUZ MARÍA: Muy bien papá. ¡Juana!... ¡Juana!


III
Escena

JUANA: (Entra a escena.) Diga usté niña.
LUZ MARÍA: Mientras limpias bien el polvo, vas a estar pendiente por si alguien viene a preguntar por la mula, le dices que mi papá no está, que vuelva más tarde.
JUANA: Muy bien niña, pierda usté cuidado, yo voy a estar pendiente.
¿Qué se train estos con la mula..? ¡Tanto que la han hecho trabajar, ya deberían jubilarla!... Aquí a todos nos hacen trabajar muy duro... Lo bueno que yo me tomo mis descansitos... ¡Que si no!...
(Bebe de la botella. Tocan a la puerta.) De seguro el que toca, es el que viene por la mula, ¡voy! 
  
IV
Escena

ANTONIO: (Entra a escena.) ¡Buenas tardes!... ¿Esta es la casa de Don Peter?
JUANA: ¿De quén?
ANTONIO: De Don Pedro.
JUANA: ¡Ah!, sí señor, pero ahorita no está... Si gusta venir más al rato.
ANTONIO: ¿Puedes hablarle a la...?
LUZ MARIA: No señor, yo no hablo con mulas.
ANTONIO: ¿Mulas? ¿cuales mulas?... Yo quiero hablar con la señorita.
JUANA: Pus señorita, señorita, lo que se llama señorita... Ahorita le hablo. Oye tu niña... aquí te busca un catrín que está... ¡Bien gacho! (Sale corriendo de escena.)

V
Escena

LUZ MARÍA: (Entrando a escena.) ¡Antonio!...
ANTONIO: ¡Luz María!

(se abrazan)

LUZ MARÍA: ¿Cundo llegaste? 
ANTONIO: Hoy en la mañana. No quise avisarte para darte una sorpresa.
LUZ MARÍA: Me decías en tu última carta que no tenías dinero para venir a verme.
ANTONIO: Bueno... es que ahora ya conseguí trabajo y me dieron un adelanto de mi sueldo.
LUZ MARÍA: ¡Que feliz me haces! Eso quiere decir que...
ANTONIO: Que ya no me faltará trabajo, ni dinero. ¡Mi carrera empieza a dar sus frutos!
LUZ MARÍA: Lastima que mi padre no esté ahorita, para presentártelo y darle la noticia.
ANTONIO: ¿Y volverá pronto tu papá?
LUZ MARÍA: Tal vez, ¿Por qué?
ANTONIO: Es que vengo dispuesto a hablar con él... ¡Voy a pedir tu mano!
LUZ MARÍA: ¡Al fin te has decidido!
ANTONIO: ¡Quiero que nos casemos pronto, para irnos a vivir a la capital!
LUZ MARÍA: Si Antonio, pero antes déjame hablar con mi papá, para que no lo tomes por sorpresa. ¿Quieres volver más tarde?
ANTONIO: (Con ternura) Sí... ¡cómo tu quieras! 
LUZ MARÍA: (Saliendo de escena y suspirando, ella le manda un beso. Entra Pascual y le arrebata el beso a Antonio) ¡Antonio!...
PASCUAL: (Entra observando la escena del beso)
ANTONIO: ¡Luz María!... ¡Oiga! ¡Éste era mi beso! (Sale de escena)

VI
Escena

PÁNFILO: (Observa la botella y las tres copas que está en la mesita)
JUANA: (Entra a escena) ¿Quién es usté?...
PÁNFILO: No me robé nada...
JUANA: Pos nomás porque llegué a tiempo.
PÁNFILO: Soy gente honrada.
JUANA: ¿Quién sabe?
PÁNFILO: Vide la puerta abierta y entré.
JUANA: ¿Qué es lo que quere?
PÁNFILO: Quiero saber en cuanto venden la mula... Sin ofender a nadien.
JUANA: (Molesta) Si se mira en un espejo, a lo mejor se ofende solo... En cuanto a la mula, mi patrón no está ahorita...Si gusta volver más tarde...
PÁNFIILO: (Meloso) ¿Oiga... Usted aquí trabaja?
JUANA: Sí... ¿Por qué?
PÁNFILO: No, por nada... ¿Y qué hace?
JUANA: Pos... lavo la ropa, hago la comida...y muchas cosas más.
PÁNFILO: ¿Y cómo se llama?
JUANA: ¡Pus criada!
PÁNFILO: No, usté...
JUANA: (Coqueta) ¿Yo?... Pus me llamo... Juana María Concepción Trinidad González...
PÁNFILO: ¿Nomás?...
JUANA: Sí... nomás... Y usté, ¿Cómo se llama?
PÁNFILO: Yo me llamo, este... pos mi nombre está rete feo.
JUANA: No importa, dígame cómo se llama.
PÁNFILO: Me da harta vergüenza decir mi nombre.
JUANA: ¡Cómo se llama por fin!
PÁNFILO: Pos yo me llamo, ¡Pánfilo Pascual!... ¿Verdá que está rete feo?                                                                              
JUANA: ¡No que va!...
PÁNFILO: Oiga...¿Y tiene novio?
JUANA: Pa’qué quere saberlo.
PÁNFILO: Pos yo decía...Si no tiene novio, a lo mejor me ahorro la mercada de la mula... pos para qué quiero a las dos.
JUANA: (Enojada lo corre a escobazos) ¡Grosero!, lárguese indio ladino. Vuelva cuando esté mi patrón. (Bebe de la botella y en ese momento entra Don Pedro)

VII
Escena

DON PEDRO: (Entra a escena mostrando la botella de la purga.) No pude encontrar purga pa’mulas, pero encontré una pa’caballos... ¡Es más rápida!... ¿Vino alguien a preguntar por mí?   
JUANA: Sí, patrón. Vinieron a preguntar por la mula de usté. Pero le dije que volviera más tarde.
DON PEDRO: ¡Que bueno! Esperaré pa’ver si logro vender por fin esa mula...

(Tocan a la puerta)
                           
JUANA: Pos no tiene que esperar mucho patrón, porque de seguro el que toca es el que viene por ella. ¡Voy!
DON PEDRO: No, deja. Yo abro... Tú ve a hacer las cosas propias de tu sexo.
JUANA: ¡Hay! patrón. Esas cosa no se hacen en la cocina. (Sale de escena)


VIII
Escena

ANTONIO: ¡Buenas tardes!...
DON PEDRO: Adelante amigo, esta es su casa.
ANTONIO: Gracias... gracias...
DON PEDRO: Pásele hombre, ¡Estamos en confianza!
ANTONIO: Tal vez ya le informaron el motivo de mi visita.
DON PEDRO: En efecto, así es. Hace un momento me dijeron que usted vino temprano, cuando yo me encontraba comprando unas medicinas para ella...
ANTONIO: ¿Cómo? ¿Acaso se encuentra enferma?
DON PEDRO: No se alarme, amigo. Está un poco delicada, pero no es nada grave... Estos días así se pone, algo peligrosa.
ANTONIO: ¿Peligrosa?... ¡No entiendo!
DON PEDRO: Si, hombre. Que desconoce a uno y le da por tirar pataditas.
ANTONIO: ¿Patadas?... ¡Ha dicho usted, ¿patadas?!
DON PEDRO: Es muy natural en ella. Además, es bueno que usted lo sepa. Puesto que se va a quedar con ella... ¿No es así?
ANTINIO: Este... ¡Sí, claro... sí!
DON PEDRO: Pues bien... Tiene que llevarla a pasear al campo, darle de comer alfalfa fresca y avena.
ANTONIO: ¿Alfalfa?... ¿Avena?... ¿Pero está usted loco?
DON PEDRO: ¿Por qué voy a estarlo? Es lo que siempre ha comido. Y si quiere conservarla en buenas condiciones, tendrá que seguir mis instrucciones.
ANTONIO: ¿Pero, eso no es posible? ¿Cómo puede ella comer eso que usted dice?
DON PEDRO: Pues sí, mi amigo...Además, le recomiendo que por lo pronto no la cargue mucho, está un poco débil; me la pidió prestada el sargento del cuartel y se puso a prestársela a todo el regimiento, y me la trajo cansadísima, y con fiebre... ¡Imagínese, usted! Además, le salió un grano en la cola y el sargento no se lo pudo curar, por eso se le llenó de pus.
ANTONIO: (Iracundo) ¡Esto es el colmo! Ya no aguanto más.!Yo no quiero nada con ella! Doy por terminado el compromiso. ¡Adios!... (Sale de escena)


IX
Escena

DON PEDRO: ¡Bah!... No sé que le pasó a este tipo... ¡En fin, ya caerá otro!
LUZ MARÍA: (Entrando a escena) Papá, me pareció que hablabas con alguien.
DON PEDRO: Si, mija, era  uno que quería comprar la mula, de repente se puso medio raro y se fue.
LUZ MARÍA: ¡Lo siento mucho!... Oye, papá, te voy a decir una cosa.
DON PEDRO: Soy todo oídos, mija.
LUZ MARÍA: Desde hace tiempo tengo relaciones amorosas con un muchacho, pero por carta.    
DON PEDRO: ¡Ah, pillina! ¿Con que ya tienes novio? Y por qué no me lo avías dicho antes.
LUZ MARÍA: Es que no tenía trabajo y me daba vergüenza confesártelo, pero ya su situación se compuso un poco; ya tiene trabajo de planta y ha venido a verme.
DON PEDRO: Me alegro, eso quiere decir que es un muchacho que sabe abrirse paso en la vida... ¡Igualito que yo!
LUZ MARÍA: Sabes papá, mi novio ya quiere que nos casemos y va a venir para hablar contigo, y pedirte mi mano.
DON PEDRO: Bien, si tú ya estás decidida, que le vamos a hacer. ¿Lo quieres mucho?
LUZ MARÍA: (Suspirando) ¡Sí!... No tiene mucho dinero, pero es un hombre honrado y me quiere bastante, y yo estoy dispuesta a seguirlo hasta donde él quiera.
DON PEDRO: Muy bien pensado, mija. Es el deber de toda buena esposa.
LUZ MARÍA: Bueno, papá, me voy. Así cuando él llegue, tú estarás solo y podrán hablar a gusto. (Sale de escena)
DON PEDRO: (Suspirando) ¡Mi única hija se me casa!... (Agarra la botella y lee la etiqueta)... Ultra rápida... mmmm... ¡Qué amolada le voy a poner a esa mula!... (Llaman a la puerta, deja la botella en la mesa. Va a abrir)
                                                             

X
Escena

PÁNFILO: (Entrando a escena) Buenas tardes...
DON PEDRO: Adelante... ¿Tú eres el que vienes por ella?
PÁNFILO: Si señor, y espero llegarle al precio.
DON PEDRO. (aparte) Mija me había dicho que era pobre... pero este está rete jodido... ¡En fin, allá ella!... Y dime, ¿qué planes tienes pal futuro?
PÁNFILO: Pus verá usté; pienso hacer muchas cosas con ella. Me la voy a llevar pal’ rancho, trabajarla duro, pa’que saque dinero y pague su comida.
DON PEDRO: (Extrañado) ¿De modo que quiere usted que ella trabaje para que saque lo de su comida?
PÁNFILO: ¡Ah y también la mía! Y si no quiere trabajar, le daré de cuartazos hasta hacerla que entre a vara.
DON PERDO: ¿Así las tratas a todas?
PÁNFILO: ¡Pior.... Algunas veces las dejo sin comer varios días, pa’que aprendan!
DON PERDO: Pues con ella no se va a poder.
PÁNFILO: ¿Por qué?
DON PEDRO: Porque ella está acostumbra a levantarse a las nueve de la mañana y que le lleven el desayuno a la cama.
PÁNFILO: ¿A la cama?... No me diga que también toma chocolate.
DON PEDRO: ¡Claro! Chocolate y pan fino.
PÁNFILO: Hum... No lo tomo ni yo. Pos conmigo, ella comerá rastrojo, dormirá en el corral y tendrá que levantarse a las cinco de la mañana.
DON PEDRO: (aparte) Pobre de mija, cuanto va a sufrir.
PÁNFILO: Pos por eso quiero cerrar el trato; pa’llevarmela  y empezar a domarla.
DON PEDRO: ¿La llevará alguna vez al cine?
PÁNFILO: ¿A poco le gusta el cine?
DON PEDRO: Si Señor, y también le gusta tocar el piano.
PÁNFILO: ¡Voy!... Ya me la imagino tocando.... (Entra a escena Antonio enojado, y lo detiene Don Pedro)

XI
Escena

DON PEDRO: ¡Un momento!... Con qué derecho entra a mi casa.
ANTONIO: Con el derecho de un hombre ofendido.
DON PERDO: ¿Ofendido?... Si usted fue el que no quiso llevársela.
ANTONIO: ¿Insinúa usted que me la llevara después de lo que me dijo?
DON PEDRO: ¿Y por qué no?, todo tiene su arreglo y debemos aceptarlo... Este hombre si se la piensa llevar...
ANTONIO. ¿Qué... qué?... ¿Qué usted se la piensa llevar? (Conato de pelea)
PÁNFILO: Este... no le haga caso... Está rete loco... Figúrese usté, dice que ella toca el piano...
ANTONIO: ¡Claro que lo toca y también baila!
PÁNFILO: ¿Ay mamacita!
DON PEDRO: Mija sabe hacer muchas cosas.
PÁNFILO: ¿A poco es hija suya?
DON PEDRO: ¡Sí, señor!
PÁNFILO: ¡¡¡Voy !!!

XII
Escena

LUZ MARÍA: (Entrando a escena) ¿Qué sucede, papá?
DON PEDRO: Nada hija, es que...
LUZ MARÍA: ¡Antonio!... ¿Por qué estás enojado?
ANTONIO: Tienes aún el descaro de preguntármelo. Dime, ¿Quién es éste mequetrefe?
PASCUAL: ¿Yo? Yo nos ningún mequetrefe. Yo soy Pánfilo Pascual.
LUZ MARÍA: No sé... ¡Nunca lo he visto en mi vida!
ANTONIO: ¿Y el sargento?
LUZ MARÍA: ¿Cuál sargento?
DON PEDRO: (Comprendiendo la confusión) Mmmm... (a Pánfilo) ¿Usted por quién vino?
PÁNFILO: Por la mula.
DON PEDRO: ¡Ay! Mija, ya se lo que pasó... Hubo una pequeña confusión. (a pánfilo) Yo creí que éste era tu novio mija... (a Antonio) y que éste venía por la mula.
PÁNFILO: ¡Ya! No tuviera tanta suerte.
LUZ MARÍA: (Suspirando) ¡Antonio!...
ANTONIO: Luz María!...
(Se abrazan)

XIII
Escena

JUANA: (Entra a escena sigilosamente y coqueteándole a Pánfilo)
PÁNFILO: (a don Pedro) Aquí entre nos... ¿Puedo venir a visitar a la mucama?
DON PEDRO: ¿A quién?
PÁNFILO: ¡A la criada!     
DON PEDRO: ¡Ah! Condenada... Si sólo tienes la cara de mustia eh... Y es mas, pa’que veas la nobleza de mi estirpe... ¡hasta te regalo la mula! 
PÁNFILO:
¡Gracias señor!
DON PEDRO: Que bueno que todo se arregló... Mija, sirvan las copas pa’ brindar por la felicidad de los niños... ¿Porque se casarán pronto, verdad?
ANTONIO: Es lo que más anhelo, señor (Luz María confunde las botellas y sirve las copas que estuvieron en la mesita. La criada bebe de la botella de tequila)
DON PEDRO: No me digas señor... ¡Dime, papá!
PÁNFILO: Si, Antonio... si va a ser tu apá, dile apá.
ANTONIO: Está bien, apá (le besa la mano)
LUZ MARÍA. Aquí están las copas... (reparte las copas)
ANTONIO: Gracias mi amor.
PÁNFILO: Gracias niña.
DON PEDRO. Yo no mija... Ya sabes que a mí me salen almo sapos en donde te platiqué... Bueno digan salud.
TODOS: ¡Salud!
ANTONIO: Me quedó un sabor raro en la boca.
PÁNFILO: A mí... me pareció bueno... sobre todo porque es de gorra.
LUZ MARÍA: Ay. ay, ay...!
DON PEDRO: ¿Qué pasa?
LUZ MARÍA. ¡Ay! papá. Creo que voy a poner un telegrama... ¡ay! (Sale corriendo de escena)
DON PEDRO: ¡Ay! es que se acordó de sus amistades mijo... pero de que se casa, se casa.
ANTONIO: ¡Ay, ay...! Ahorita vengo.
DON PEDRO: ¿A dónde vas?
ANTONIO: Voy a poner otro telegrama... (sale corriendo de escena)
DON PEDRO: Otro que se acordó de sus amistades...
PÁNFILO: ¡Ay, ay, ay...! (Hace una ligera flexión)
DON PEDRO: ¿No me digas que tú también vas a poner otro telegrama?...
PÁNFILO: ¡No!... ¡Yo ya lo
puse... (salen de escena)

FIN.

viernes, 9 de marzo de 2012

Evolución del teatro

Antigüedad
La Edad Antigua se inicia con la aparición de la escritura (Mesopotamia, 3500 a. C.) y llega hasta la caída del Imperio Romano a manos de los bárbaros, en el siglo V después de Cristo, en el año 476. Este periodo se caracteriza por:  

- El abandono de las tribus pequeñas.
- Creación de grandes ciudades amuralladas.
- Gobierno Central.
- Grandes diferencias sociales.
- División del trabajo.
- Grandes diferencias sociales : monarcas y faraones, clase alta, obreros y artesanos, campesinos y esclavos.

Edad Media
La Edad Media es el periodo de la historia europea que transcurrió desde la desintegración del Imperio romano de Occidente, en el siglo V, hasta el siglo XV.
Su comienzo se sitúa tradicionalmente en el año 476 con la caída del Imperio Romano de Occidente y su fin en 1492 con el descubrimiento de América, o en 1453 con la caída del Imperio Bizantino
, fecha que coincide con la invención de la imprenta (Biblia de Gutenberg) y con el fin de la Guerra de los Cien Años. Durante esta época:

-Una de las grandes preocupaciones es la salvación del alma.
- Los clérigos tenían la función de rezar por los fieles y salvarlos.
-Las preregrinaciones eran otro recurso para lograr la salvación.
-La organización política, económica y social era el feudalismo.
-Se practicó la simonía o venta de indulgencias por los pecados.
-La riqueza y los placeres eran fugaces.
-El clero se financiaba principalmente del diezmo (décima parte de las ganancias).
-El rey encabezaba la pirámide: sus vasallos eran los duques, condes y otros señores poderosos. Éstos, por su parte, recibían la "fidelidad" de las personas más ricas e influyentes de su región las cuales, a su vez, recibían los servicios de vasallos más modestos. De esta manera, desde la cima hasta la base de la sociedad, toda persona estaba vinculada a otra.
-El caballero cristiano debía usar la espada en defensa de la religión y en protección de las viudas, los huérfanos y todos los pobres y desamparados.

Renacimiento
El Renacimiento es un movimiento cultural originado en Europa a finales del siglo XIV, que se caracteriza por un renovado interés en el pasado grecorromano. Es el resultado de la difusión de las ideas del humanismo, que condicionaron una nueva visión del mundo y el hombre. Sucede a la par de la era de los descubrimientos y conquistas de nuevos territorios. Durante este periodo:
  • Se gesta una crisis de la cristiandad con el surgimiento del protestantismo.
  • Aparece la imprenta.
  • Se inicia el capitalismo mercantil.
  • Se concibe al hombre como medida de todas las cosas.
  • Se considera el inicio del mundo Moderno.
  • Se origina en Italia, de donde surge la idea de recuperar la grandeza romana.
  • El humanista del Renacimiento era por definición un erudito, un hombre culto, enamorado de la antigüedad y perocupado por el estudio de todas las disciplinas en el campo del saber.

Barroco
El Barroco es donde desembocó el arte renacentista cuando las obras de arte empezaron a recargarse de adornos superfluos y a abordar temas como el desengaño y el pesimismo. Aparece plenamente en el siglo XVII. Durante este periodo:

  • Para el hombre del Barroco la vida se convierte en pesimismo y desengaño; el hombre ve el mundo como un conjunto de falsas ilusiones que acaba con la muerte.
  • Las monarquías absolutas dominan el panorama político de Europa.
  • El poder sigue estando en manos de la aristocracia y de la Iglesia que quieren mostrar su autoridad organizando grandes espectáculos.
  •  El hombre barroco no persigue la belleza, sino que fundamenta su pensamiento en torno a dos aspectos opuestos: la razón y el sentimiento.

Neoclásico
Es una corriente artística que se desarrolla desde el siglo XVIII hasta mediados del XIX, y que surge como oposición al Rococó y al Barroco. Se erigió como el arte del racionalismo, ya que coloca la razón sobre la imaginación, el intelecto sobre la creación y la disciplina sobre la inspiración.
Es el testimonio plástico del "Siglo de las luces", estéticamente aspiró a la luminosidad, la exactitud y el equilibrio.
Recurrió a los modelos de la Antigüedad y se impuso un lenguaje frío, severo y solemne, donde lo helénico se convierte en norma académica.
Resaltan los temas mitológicos y de la historia contemporánea, representándose las figuras con vestimentas al estilo grecorromano, aunque sean personas del siglo XVIII las retratadas; las formas están en reposo o con poco movimiento.




Siglo XIX

El Romanticismo es un movimiento cultural que se originó en Alemania y en el Reino Unido a finales del siglo XVIII. Surgió como una reacción opuesta al estricto racionalismo del neoclásico. Plantea una búsqueda constante de la libertad expresiva y del yo creador. Surge la idea del 'genio creador' y se valora lo diferente, de ahí que se desarrollen los nacionalismos y se revalore el folclore. También se prefiere la creatividad frente a la imitación de los modelos clásicos.



    El Realismo, que surge a mediados del siglo XIX, rompe a su vez con  los ideales y las formas románticas. Se caracteriza por un deseo de presentar a la realidad de manera exacta y fiel. Le preocupa el presente y la realidad social de su época por lo que trata de reproducir el habla común de diferentes personajes. Los personajes son el testimonio de una época y de una condición social y psicológica. Los autores intentan denunciar los males de su época de la manera más objetivas posible. 

  • Teatro romántico en España, Francia y Alemania
  • Teatro realista
Siglo XX
  • Teatro de vanguardia
  • Teatro del absurdo